Urge atender salud mental en Michoacán: cifras desalentadoras y riesgo de colapso sanitario

Fernando Alvarez del Castillo
Morelia, Michoacán, 1° de agosto 2025.- La salud mental en México atraviesa una crisis silenciosa que amenaza con escalar a niveles incontrolables si no se toman medidas urgentes. En estados como Michoacán, los registros oficiales muestran una preocupante alza en trastornos como la ansiedad, la depresión y otras afecciones psicológicas, que no solo saturan hospitales y centros médicos especializados, sino que también afectan de forma directa a familias enteras.
A nivel nacional, se estima que 1 de cada 4 mexicanos sufrirá algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida. Sin embargo, solo 2 de cada 10 personas reciben atención especializada, mientras que el presupuesto federal destinado a salud mental apenas alcanza entre el 1.3 % y 1.6 % del total del sector salud, muy por debajo del 5 % recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En Michoacán, el panorama es igual de alarmante. La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE 2021) reveló que el 56.4 % de la población presenta síntomas de ansiedad, mientras que 19.6 % enfrenta depresión, colocando al estado en los primeros lugares a nivel nacional. De acuerdo con la Secretaría de Salud estatal, tan solo en 2024 se registraron 13,236 consultas de salud mental, de las cuales 2,752 correspondieron a casos de depresión, es decir, más del 20 %.
El Hospital Psiquiátrico "Dr. José Torres Orozco", ubicado en Morelia, atendió más de 23 mil consultas externas durante 2023, de las cuales 6,426 fueron por ansiedad y 3,246 por depresión, además de 401 hospitalizaciones por cuadros severos.
Frente a esta realidad, especialistas y colectivos de salud advierten sobre el riesgo inminente de un colapso del sistema de atención mental si no se actúa de inmediato. “Las cifras no solo reflejan una carga hospitalaria, también un sufrimiento acumulado en los hogares, donde muchas personas con trastornos mentales viven sin diagnóstico ni tratamiento adecuado”, señalan.
Actualmente, Michoacán cuenta con solo cinco Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones (Uneme-Cecosama) ubicados en Morelia, Uruapan, Zamora, Zitácuaro y Lázaro Cárdenas, lo cual resulta insuficiente ante la creciente demanda. A esto se suma el déficit de profesionales: el país cuenta con menos de 0.4 psiquiatras y 1.5 psicólogos por cada 100 mil habitantes, muy por debajo de la media internacional.
La falta de atención integral y comunitaria podría traducirse, en el mediano plazo, en una crisis sanitaria generalizada, con consecuencias graves tanto en el plano social como económico. Por ello, expertos llaman a los tres niveles de gobierno a modernizar la infraestructura de salud mental, aumentar el presupuesto, y fortalecer programas de prevención desde las escuelas, los centros laborales y las comunidades.
“El momento de actuar es ahora”, advirtió un grupo de profesionales de salud mental. “Si no se intensifican los trabajos institucionales para atender este problema estructural, el costo será altísimo: lo pagarán las familias, los pacientes y, eventualmente, todo el sistema de salud pública”.
Iniciativas como el Observatorio Michoacano de Salud Mental y Consumo de Sustancias, y líneas de atención como “Hablemoos”, son un paso positivo, pero insuficiente si no se acompañan de una verdadera política pública de atención masiva, oportuna y sin estigmas.
Morelia, Michoacán, 1° de agosto 2025.- La salud mental en México atraviesa una crisis silenciosa que amenaza con escalar a niveles incontrolables si no se toman medidas urgentes. En estados como Michoacán, los registros oficiales muestran una preocupante alza en trastornos como la ansiedad, la depresión y otras afecciones psicológicas, que no solo saturan hospitales y centros médicos especializados, sino que también afectan de forma directa a familias enteras.
A nivel nacional, se estima que 1 de cada 4 mexicanos sufrirá algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida. Sin embargo, solo 2 de cada 10 personas reciben atención especializada, mientras que el presupuesto federal destinado a salud mental apenas alcanza entre el 1.3 % y 1.6 % del total del sector salud, muy por debajo del 5 % recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En Michoacán, el panorama es igual de alarmante. La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE 2021) reveló que el 56.4 % de la población presenta síntomas de ansiedad, mientras que 19.6 % enfrenta depresión, colocando al estado en los primeros lugares a nivel nacional. De acuerdo con la Secretaría de Salud estatal, tan solo en 2024 se registraron 13,236 consultas de salud mental, de las cuales 2,752 correspondieron a casos de depresión, es decir, más del 20 %.
El Hospital Psiquiátrico "Dr. José Torres Orozco", ubicado en Morelia, atendió más de 23 mil consultas externas durante 2023, de las cuales 6,426 fueron por ansiedad y 3,246 por depresión, además de 401 hospitalizaciones por cuadros severos.
Frente a esta realidad, especialistas y colectivos de salud advierten sobre el riesgo inminente de un colapso del sistema de atención mental si no se actúa de inmediato. “Las cifras no solo reflejan una carga hospitalaria, también un sufrimiento acumulado en los hogares, donde muchas personas con trastornos mentales viven sin diagnóstico ni tratamiento adecuado”, señalan.
Actualmente, Michoacán cuenta con solo cinco Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones (Uneme-Cecosama) ubicados en Morelia, Uruapan, Zamora, Zitácuaro y Lázaro Cárdenas, lo cual resulta insuficiente ante la creciente demanda. A esto se suma el déficit de profesionales: el país cuenta con menos de 0.4 psiquiatras y 1.5 psicólogos por cada 100 mil habitantes, muy por debajo de la media internacional.
La falta de atención integral y comunitaria podría traducirse, en el mediano plazo, en una crisis sanitaria generalizada, con consecuencias graves tanto en el plano social como económico. Por ello, expertos llaman a los tres niveles de gobierno a modernizar la infraestructura de salud mental, aumentar el presupuesto, y fortalecer programas de prevención desde las escuelas, los centros laborales y las comunidades.
“El momento de actuar es ahora”, advirtió un grupo de profesionales de salud mental. “Si no se intensifican los trabajos institucionales para atender este problema estructural, el costo será altísimo: lo pagarán las familias, los pacientes y, eventualmente, todo el sistema de salud pública”.
Iniciativas como el Observatorio Michoacano de Salud Mental y Consumo de Sustancias, y líneas de atención como “Hablemoos”, son un paso positivo, pero insuficiente si no se acompañan de una verdadera política pública de atención masiva, oportuna y sin estigmas.