“Primate”: terror extremo en una piscina sin escapatoria
Fernando Alvarez del Castillo
El director Johannes Roberts regresa con una propuesta intensa y claustrofóbica en Primate, un thriller que mezcla horror animal, drama familiar y supervivencia extrema en un escenario tan cotidiano como aterrador; una fiesta en la piscina que se convierte en pesadilla.
Lucy (interpretada por Johnny Sequoyah) vuelve de la universidad para reencontrarse con su familia y con Ben, el chimpancé que ha crecido como parte del hogar. Lo que inicia como una reunión aparentemente normal pronto se transforma en caos cuando, durante una celebración junto a la alberca, Ben contrae rabia y su comportamiento se torna violento e impredecible.
Terror contenido y tensión acuática
La película apuesta por el encierro como motor narrativo. Lucy y sus amigos quedan atrapados en la piscina, obligados a improvisar estrategias para sobrevivir mientras el animal, dominado por la enfermedad, acecha con furia primitiva. El agua, símbolo de diversión y descanso, se convierte en una trampa que amplifica la tensión.
El guion, escrito por el propio Roberts junto a Ernest Riera, construye un relato que no solo se sostiene en el miedo físico, sino también en el dilema emocional: enfrentar a una criatura que alguna vez fue parte de la familia. Esa dualidad entre cariño y amenaza añade una capa psicológica que eleva el suspenso.
El elenco se completa con Jess Alexander y Troy Kotsur, quienes aportan intensidad y humanidad a un grupo de personajes empujados al límite. Las actuaciones sostienen el ritmo frenético, especialmente en los momentos donde el miedo se mezcla con decisiones desesperadas.
Primate juega con una pregunta inquietante: ¿qué tan delgada es la línea entre la domesticación y la naturaleza salvaje? La rabia funciona aquí no solo como detonante biológico, sino como metáfora de aquello que no puede ser completamente controlado.
Con una puesta en escena cerrada, ataques súbitos y una atmósfera que se asfixia minuto a minuto, la cinta se perfila como una experiencia angustiante para los amantes del terror animal y del thriller de supervivencia.
Una piscina. Un chimpancé infectado. Un grupo de jóvenes sin salida. En Primate, el peligro no viene de lo desconocido, sino de aquello que creíamos parte de la familia.
El director Johannes Roberts regresa con una propuesta intensa y claustrofóbica en Primate, un thriller que mezcla horror animal, drama familiar y supervivencia extrema en un escenario tan cotidiano como aterrador; una fiesta en la piscina que se convierte en pesadilla.
Lucy (interpretada por Johnny Sequoyah) vuelve de la universidad para reencontrarse con su familia y con Ben, el chimpancé que ha crecido como parte del hogar. Lo que inicia como una reunión aparentemente normal pronto se transforma en caos cuando, durante una celebración junto a la alberca, Ben contrae rabia y su comportamiento se torna violento e impredecible.
Terror contenido y tensión acuática
La película apuesta por el encierro como motor narrativo. Lucy y sus amigos quedan atrapados en la piscina, obligados a improvisar estrategias para sobrevivir mientras el animal, dominado por la enfermedad, acecha con furia primitiva. El agua, símbolo de diversión y descanso, se convierte en una trampa que amplifica la tensión.
El guion, escrito por el propio Roberts junto a Ernest Riera, construye un relato que no solo se sostiene en el miedo físico, sino también en el dilema emocional: enfrentar a una criatura que alguna vez fue parte de la familia. Esa dualidad entre cariño y amenaza añade una capa psicológica que eleva el suspenso.
El elenco se completa con Jess Alexander y Troy Kotsur, quienes aportan intensidad y humanidad a un grupo de personajes empujados al límite. Las actuaciones sostienen el ritmo frenético, especialmente en los momentos donde el miedo se mezcla con decisiones desesperadas.
Primate juega con una pregunta inquietante: ¿qué tan delgada es la línea entre la domesticación y la naturaleza salvaje? La rabia funciona aquí no solo como detonante biológico, sino como metáfora de aquello que no puede ser completamente controlado.
Con una puesta en escena cerrada, ataques súbitos y una atmósfera que se asfixia minuto a minuto, la cinta se perfila como una experiencia angustiante para los amantes del terror animal y del thriller de supervivencia.
Una piscina. Un chimpancé infectado. Un grupo de jóvenes sin salida. En Primate, el peligro no viene de lo desconocido, sino de aquello que creíamos parte de la familia.







































