Miércoles, 17 de Junio de 2026

Morelia, Mich

"México 86" La hazaña más improbable del fútbol moderno

"México 86" La hazaña más improbable del fútbol moderno
Fernando Alvarez del Castillo

Hay historias que no necesitan dramatizar lo que ya de por sí es dramático. La carrera de México por arrebatarle a Colombia la sede del Mundial de 1986, en medio de presiones internacionales, escasez de recursos y un calendario imposible, es una de ellas. Gabriel Ripstein lo sabe, y por eso no exagera: filma con contención, deja que los hechos hablen con su propio peso descomunal y confía en que la realidad, sin adornos, ya es suficientemente cinematográfica.

México 86 es una película sobre la audacia como política de Estado. O más exactamente, sobre ese rasgo profundamente mexicano de salir adelante con ingenio, con descaro, con una sonrisa que disimula el pánico, cuando todo el mundo ya dio la situación por perdida. Los guionistas Francisco Javier González, Daniel Krauze y Luis Reséndiz construyen un relato que funciona como thriller burocrático: cada firma, cada llamada, cada plazo incumplido tiene el pulso de una cuenta regresiva.

Diego Luna entrega una actuación de precisión quirúrgica: ningún gesto de más, ninguna solemnidad impostada. Junto a Karla Souza que aporta una tensión silenciosa y eficaz, y Daniel Giménez Cacho, que hace de la ambigüedad moral su zona de confort, el trío forma un retrato coral de una élite que navegó entre el oportunismo y el genuino amor por su país. La película no juzga a sus personajes: los observa con una mirada que mezcla admiración e ironía a partes iguales.

Ripstein hijo hereda de su linaje el rigor formal sin la distancia fría. Su puesta en escena es económica y clara, sin alardes visuales que compitan con la historia. Esa sobriedad es, en realidad, una declaración de principios: la película no necesita ornamentos porque su materia prima, el ingenio colectivo de un país empujando contra lo imposible ya tiene suficiente espectacularidad propia.

El resultado es una crónica que se siente urgente aunque todos sepamos el final: México organizó el Mundial. Pero ese es exactamente el truco de México 86: hacernos olvidar que ya lo sabíamos. En un cine demasiado acostumbrado a inflar los héroes hasta volverlos inverosímiles, esta película tiene la elegancia de mostrarlos humanos, improvisados y, por eso mismo, extraordinarios.