Miércoles, 09 de Septiembre de 2026

Morelia, Mich

"Barreda" Uno de los crímenes más perturbadores de Argentina.

"Barreda" Uno de los crímenes más perturbadores de Argentina.
Fernando Alvarez del Castillo

Hay algo particularmente perturbador en “Barreda”: su protagonista no parece un monstruo. Parece un hombre común. Y quizá ahí radique el verdadero horror. Daniela Goggi toma uno de los crímenes más estremecedores de la historia reciente de Argentina, y se niega a convertirlo en un espectáculo de sangre. En lugar de eso, construye una película incómoda sobre un asesino que, después de matar a su esposa, su suegra y sus dos hijas, también intentó asesinar la verdad.

Porque Ricardo Barreda no solamente disparó contra su familia; también construyó un relato sobre sí mismo. Se presentó como víctima, explotó las contradicciones de su entorno y terminó convertido en personaje mediático. La película entiende que ahí está el verdadero material cinematográfico: no solamente en el crimen, sino en la facilidad con la que una sociedad puede escuchar al victimario cuando este sabe contar su historia.

La directora argentina Daniela Goggi acierta al no entregarnos un psicópata de manual. No hay grandes discursos que expliquen el mal ni una caricatura del asesino. Hay silencios, gestos, incomodidad y una normalidad que se vuelve insoportable. La película no necesita mostrarnos constantemente la violencia porque consigue algo más difícil: hacernos sospechar de lo cotidiano.

Y en el centro está Luis Machín, formidable en un papel que exige contención. Su interpretación resulta perturbadora precisamente porque no busca caerle bien al espectador ni explicarse demasiado. Hay algo calculador en sus silencios y algo profundamente inquietante en la aparente fragilidad del personaje. Machín consigue que Barreda sea menos un monstruo visible que una presencia que se va revelando lentamente.

“Barreda” también tiene algo que decir sobre nosotros. Sobre el público que consume crímenes reales, sobre los medios que convierten asesinos en celebridades y sobre nuestra insaciable necesidad de encontrar una explicación que haga soportable lo inexplicable. El verdadero peligro del true crime aparece cuando empezamos a interesarnos más por el victimario que por sus víctimas.

Carla Peterson y Mercedes Morán complementan un reparto que entiende que esta no es una historia para actuar a gritos. El drama funciona mejor en los espacios de tensión, en aquello que se calla y en las relaciones que parecen ordinarias hasta que sabemos cómo terminaron.

Sin embargo, la película no es perfecta. Su apuesta por la contención puede sentirse demasiado calculada en algunos momentos y, por instantes, su afán por mantener distancia del morbo también le resta cierta fuerza emocional. Hay pasajes en los que uno quisiera que la película se atreviera a profundizar más en las víctimas y no únicamente en el hombre que terminó ocupando el centro del relato público.

Una película sobria, incómoda y mucho más inteligente que complaciente. Luis Machín entrega una interpretación magnética y perturbadora, mientras Daniela Goggi evita el camino fácil del morbo para cuestionar nuestra fascinación por los criminales reales.